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Faltan mejoras en los programas de apoyo al sector artesanal en Michoacán
Se han consumado progresos en materia de cultura y artesanías del Estado, en la presente administración de Gobierno, como la creación de escaparates de las artesanías y de la cultura de Michoacán; algunas de las mayores contribuciones, han sido aplicados a la Institución de la Casa de las Artesanías, que apoya a los pueblos artesanos en la promoción, difusión y comercialización de sus piezas artísticas.
No obstante, a más de treinta años de haber creado la Casa de las Artesanías, para algunas comunidades, los programas y apoyos de este tipo de organismos aún no llegan, o bien, no les son suficientes, tal como lo comenta en entrevista el Presidente de la Unión de Artesanos de Tócuaro, Felipe Horta Tera.
“Para poder salir adelante con las artesanías es necesario sacrificarse y salir a promocionar el trabajo uno mismo, no sólo en el Estado o dentro de la República, sino también al extranjero, y no para hoy, sino para un futuro… para ya no tener que deambular como los artesanos que van a la Casa de las Artesanías, andar en varios lugares en eventos, además es una pérdida de tiempo, incluso en ocasiones no te compran nada. Entonces realmente pierdes tiempo para promocionar tu trabajo”.
Felipe Horta comenta que él mismo hace promoción a su trabajo (tanto en el interior de la República, como en Estados Unidos) y al mismo tiempo al de los demás artesanos del pueblo de Tócuaro.
“En cuanto a las salidas a Estados Unidos, yo salgo todos los fines de año a vender mis máscaras, toda el área de Arizona, y de ahí me voy para San Francisco, al igual que a Milwaukee, a promocionar y a vender también… entonces lo que se hace es dar tarjetas a todas las personas, o bien, vendes una máscara a algún amigo, y él se encarga de promocionarte…”
“…Y aquí en México se saca el producto para San Miguel de Allende, Puerto Vallarta, y pues para donde venga, también aquí en mi casa vienen a buscarme”
Felipe Horta destaca algunos problemas que se tienen aún al interior del Estado, como lo es la falta de valoración a los artesanos y a su trabajo: “te encuentras gente que no aprecia este trabajo, como todo el tiempo ven las máscaras… desafortunadamente viene gente de fuera, y es la que se está llevando nuestras mejores piezas, y esto en todos los aspectos, en cerámica, muebles y en todo. Y pues hay que sacarlo… no voy a vender una pieza buena a una persona de aquí, tengo que esperar a que vengan de fuera”.
Otra dificultad que el escultor de máscaras nativo de Tócuaro plantea, es la falta difusión y divulgación de la comunidad, asegurando que “no conocen este pueblo, no sé a qué se deba esto… creo que precisamente a que no te gusta el arte, o porque no conoces el tipo de oficio que hacen aquí en este pueblo, ¿pero qué prefieres tú, qué te conozca la gente que sabe apreciar tu trabajo, o gente que nada más viene a ver?...”
El Presidente de la Unión de Artesanos de Tócuaro ofreció una comparación de la razón por la cual muchos aspectos artesanales de Michoacán no son apreciados e incluso pasan desapercibidos.
“Aquí cerca no te conocen… Hay mucha gente de aquí de Tócuaro que no conoce Janitzio, que nunca ha ido por que todos los días lo ve, entonces la gente se dice, si ya lo estoy viendo pues a qué voy… y yo te puedo asegurar que hay muchos de esta comunidad que nunca han ido a Janitzio, (y Tócuaro es un pueblo que se ubica en la ribera del Lago de Pátzcuaro, únicamente a unos minutos de Janitzio)”.g
Finalmente, Felipe Horta Tera, concluyo apuntando la falta de difusión y la necesaria creación de un exhibidor para la industria de Tócuaro.
“Tal vez sí nos hace falta más salir a promocionarnos, pero en ocasiones yo pienso que es mejor que alguien te busque porque les interesa para adquirir una pieza tuya.
Sí es necesario tener un exhibidor o una Casa de Artesanías, como en Capula hay una Casa de las Artesanías donde va muchísima gente… y nos hace falta tener más la capacidad aquí… porque tenemos incluso muchos problemas entre nosotros mismos como artesanos, pero si en algún momento nos decidiéramos podríamos hacerlo”.
entrevista de opinión
a: René Carrillo, Director General de la Casa de las Artesanías de Morelia
La Casa de las Artesanías de la Capital michoacana cuenta en la actualidad con más de treinta años de experiencia al servicio de los pueblos artesanos del Estado, razón por la cual se ha convertido en un espacio importante para la difusión de la cultura michoacana, fungiendo como un escaparate para las artesanías de los pueblos más representativos del territorio michoacano, comentó René Carrillo, Director de ese organismo.
El Arquitecto René carrillo definió a la “Casa de las Artesanías como “un organismo público descentralizado de Gobierno del Estado, cuya función es apoyar a los artesanos en la promoción, la comercialización, la preservación y el desarrollo de de su actividad…
Esta es la única Casa de las Artesanías en la Nación que cuenta con un área de investigación, un programa que consideramos muy importante para el sector artesanal, de ahí se obtiene información sobre procedimientos, procesos productivos antiguos, recuperación de materiales que anteriormente se utilizaban y que le dan un valor agregado al objeto artesanal… esta es pues, una parte fundamental.
Adicionalmente a esta área, se cuenta con otras, como la de comercialización, otra de financiamiento y una de promoción, desde donde se realizan concursos, es decir las promociones fuera y dentro de nuestro Estado… esta área de promoción lleva acabo la parte de difusión tanto de las actividades organizadas por nosotros como de los objetos artesanales importantes en nuestro Estado”.
En cuanto a los comienzos de la Casa de las Artesanías, el titular de la misma René Carrillo comentó que “hay un inicio en 1970 mediante un decreto que la forma… posteriormente en el año 2000 se establece ya una ley que sustenta la creación de este organismo para atender al sector artesanal del Estado.
Ha pasado por distintos periodos la Casa de las Artesanías, ha contado con diversos organigramas y distintos programas de trabajo, pero hay un común denominador en todas las administraciones, que es la atención integral al sector artesanal...”
Así mismo, contextualizó la fundación de este escaparate artesanal exponiendo “que, al triunfo de la Revolución mexicana se tiene la necesidad de dotarnos a los mexicanos de una simbología práctica, de elementos que nos dan identidad… de reconocer lo mexicano como algo de gran virtud.
Hay hombres importantes, como Alfonso Caso, el Dr. Atl, Daniel Ruin de la Borbolla, que voltean hacia las expresiones populares, hacia el arte popular… en ese sentido hacia las comunidades artesanas, donde la gente no tenía ningún tipo de apoyo y no había ninguna promoción… la gente realizaba sus objetos y ocasionalmente se intercambiaban en espacios que para eso estaban (generados por ellos mismos), como los mercados populares donde se realizaba truque y se ofertaban estos productos…
Varios intelectuales mexicanos fueron profundizando, fueron identificando los objetos, resaltando sus virtudes… y se logra el reconocimiento del trabajo que la gente hace en sus comunidades como parte de nuestra identidad. A partir de esto se generan políticas públicas en Michoacán, se piensa en una institución de respaldo al sector artesanal que comienza a operar fuera de este edificio en una casa de la Avenida Madero, y ya posteriormente se le da este espacio.
Es en este lugar donde se pretende tener la muestra más amplia posible de las artesanías más representativas de nuestro Estado y se comparte inicialmente con talleres artesanales en la planta alta para que se estuviera mostrando a los visitantes el tipo de trabajos.
En el proyecto original hay una rotación de los artesanos de estos espacios y del compromiso de promover sus procedimientos y sus técnicas ante los visitantes; esto obviamente con el tiempo viene perfeccionándose, mejorando.
Hay a partir de 1980 una visión más amplia hacia el sector artesanal; antes de esta fecha la función de la Casa de las Artesanías era adquirir objetos artesanales y ponerlos a la venta. A partir de principios de los 80`s el gobernador del Estado, el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, imprime una nueva visión al sector artesanal… donde ya se les apoya para la adquisición de materias primas, donde ya se piensa en la investigación, en reforzar estos elementos de identidad que contienen los objetos artesanales, y es en esta época donde se le imprime esta nueva manera de trabajar… ya en la actualidad, con la presente administración del Gobernador Lázaro Cárdenas Batel se cuenta con un impulso muy especial para este sector artesanal, hay un conocimiento muy amplio y un interés fundamental…
Una vez que ya contamos con los objetos, es necesario comercializarlos, y fue preciso en un principio crear un fondo para adquirir todos estos productos (que eran difíciles de colocar en el mercado), pero con el apoyo del gobierno y un poco de promoción de nuestra parte hemos logrado levantar las actividades.
Otro detalle es que en la actualidad la Casa está impulsando las marcas colectivas con la finalidad de proteger… de que la competencia no venga a adueñarse de la fama de los productos que cada comunidad ha dado. Hasta el día de hoy tenemos ya el maque de Uruapan, la guitarra de Paracho, la pasta de caña de maíz de Pátzcuaro y el cobre de Santa Calara… esas son las principales cuatro marcas colectivas, pero estamos trabajando veintiún más con los artesanos en sus propias comunidades.
La finalidad es esa, tener una marca que identifique a la comunidad y podamos hacer acciones conjuntas de promoción, las cuales ya se están haciendo en estos casos”
Cercioró que para acercarse a las comunidades se tienen distintos métodos como los “distintos programas que se llevan acabo en la comunidad, por ejemplo el programa de financiamiento o el programa de préstamo… se realizan dos visitas al mes a cada una de las comunidades con las que se tiene trabaja, y se mantiene una dinámica…
Hacemos nuestro programa operativo y el programa anual, tenemos vinculación con artesanos de las comunidades, pero tenemos también un acercamiento a través de la Unión Estatal de Artesanos de Michoacán. No es la única organización que existe ni la única que atendemos pero es la central, con ellos coordinamos la mayoría de las actividades, como salidas a otros estados a que ellos hagan promoción y venta directa.
Con esta organización se tienen aproximadamente cada 45 días reuniones que les hemos denominado de evaluación; tenemos también dos reuniones anuales, una para presentar el programa de trabajo, que estamos llevando a través del Ejecutivo del Estado, y otra reunión con el autorizado, estas reuniones las hacemos con los delegados, con los representantes de la Unión y de las comunidades… en este momento, con este esquema tenemos 65 delegados de 55 comunidades...
Adicionalmente a esto, hay una gran cantidad de artesanos que no pertenecen a la Unión, con quienes establecemos a partir de sus necesidades o a partir del ofrecimiento nuestro, para participar con ellos en capacitación, financiamiento, comercialización o en promoción… tenemos muchos concursos que organizamos, se realiza la convocatoria y se le lleva la invitación a los artesanos que sabemos realizan ese oficio… (Ellos pueden ser o no ser de la Unión Estatal de Artesanos de Michoacán).
Hay también un programa de credencialización a través de la Unión y otro a través de la Casa de las Artesanías, donde el artesano obtiene un reconocimiento, nosotros abalamos que él es un artesano, que es conocedor del oficio y le extendemos una identificación que le permite presentarse en plazas donde solamente se recibe a artesanos (no permiten que sean vendedores ambulantes de productos importados o de mala calidad).
Si nosotros detectamos por nuestra cuenta a través del Área de Investigación o a través del Área de Financiamiento actividades importantes en las comunidades, elaboramos un programa para trabajar con ellos… o a la inversa, ellos se acercan, vienen y nos presentan productos nuevos, vamos, los visitamos, los certificamos de que sean productores (eso es fundamental para nosotros, el apoyo es directamente a los productores); entonces esa es otra manera de vincularnos, a través de la demanda de atención de ellos…”
En cuanto a las comunidades, informó que para que sean tomadas en cuenta por la Casa de las Artesanías, “simplemente deben tener la vocación artesanal, las actividades artesanales. No es necesario que sea toda la comunidad o una gran cantidad… por ejemplo en Jesús Días Sirio, que es una comunidad muy pequeña de nuestro Estado, donde se realiza un sombrero de una calidad formidable… solamente lo realiza una familia y para nosotros es muy importante que esto se preserve…
Estamos elaborando un padrón de artesanos en muchas comunidades ahorita con 30 comunidades… sabemos que existen 230, y en 30 de las más numerosas ya tenemos los datos precisos de cada uno de los artesanos, materias primas, sus lugares de comercialización y sus necesidades fundamentales. Entonces a partir de esto se trabaja con la planificación.
Hay muchas maneras de vincularse con la gente… de hecho la Casa de las Artesanías tiene una virtud muy importante, el personal que está aquí, es un personal que tiene muy poca rotación, el personal de base tiene una experiencia con un promedio superior a 15 años de trabajo, entonces hay un conocimiento muy importante… eso es fundamental, que la gente conoce cualquier comunidad, cualquier artesano, cualquier artesanía, conocen mucho los compañeros que trabajan aquí… entonces se mantiene un vínculo permanente con los artesanos que consideramos muy importante.
Finalmente, respeto al conocimiento y reconocimiento de las artesanía a en el Estado y la República aseguró que “hay una muy buena promoción… definitivamente y seguramente que nos hace falta mucho más...
Nosotros tenemos un presupuesto anual por parte del Gobierno del Estado, tenemos una parte de ese presupuesto para la promoción, para la difusión, tenemos una vinculación importante con la Secretaría de Turismo, con la Secretaría de Cultura, con la Secretaría de Desarrollo Económico… entonces hacemos muchas actividades de difusión juntos.
Está la promoción que Turismo le está dando a nuestro Estado, nos han hablado de Pátzcuaro, de Paracho, de Zacán, de Santa Calra del cobre, del oriente, de la Zona de la Monarca… existe esa promoción.
Hay otra promoción muy importante que son los medios de comunicación, y eso es un valor que tomamos mucho en consideración, nosotros no rechazamos una entrevista (ustedes se han dado cuenta), vamos corriendo, buscamos los foros para eso, para quien esté del otro lado escuche nuestro mensaje y conozca… que sepa que se está trabajando con este ánimo, con este espíritu, con esta filosofía de trabajo y que hay muchos objetos que son dignos de tomar en cuenta para tenerlos como compañeros en nuestra casa, que sean parte de nuestro inmobiliario, que nos acompañen…
Entonces, pues esa es otra promoción y es a la que nosotros más apostamos… pues se hacen los esfuerzos, yo creo que falta mucho más, hace falta difundir. Y pues, vamos a todas y creemos que ya se conoce más.
Nunca terminaremos de hacer esta promoción porque son muchísimas comunidades, muchísimos objetos… muchas virtudes que quisiéramos mostrar a la sociedad… pero bueno, estamos trabajando en eso”.
Entrevista de semblanza
a: Vicente Hernández Ramos.
artesano oriundo de Tócuaro
El ser humano, ha adoptado a lo largo de su historia, la cualidad de adquirir distintas personalidades y temperamentos, que lo ayuden a sobrevivir en los distintos contextos que la vida, por sí sola exige… algunos han optado por llamar (acertadamente) a estas personalidades “máscaras”, y las recrean, las viven y sufren; sin embargo, pocos son los que pueden tocarlas, moldearlas y presentarlas a la gente sin miedo, como una cosa más de la vida… simplemente dicen: yo creo máscaras… y las ofrezco al público… pues de eso vivo.
Vicente Hernández Ramos, es una de estas personas que van por la vida creando máscaras… ofreciéndolas al mejor postor, tallándolas según la imaginación le dicte, según su creatividad le limite…
El paso de la edad se refleja en su rostro de tez morena, el cabello cano cubre a medias un cráneo casi despoblado, mientras que las arrugas le escurren por su cara como talladas por un cuchillo o una daga de esas que utiliza para crear el semblante de sus máscaras… la diferencia, es que estas grietas en su rostro, no han sido curtidas por sus propias manos, sino por el paso de los años; ciclos de tiempo que han marcado casi de igual manera su caminar y su cuerpo un tanto encorvado, cansado y aburrido (cuestión que tiempo después sería confirmada en la charla que tuvimos)…
Lo encuentro sentado sobre un pequeño banco de madera, en una esquina del local en el que trabaja y vende sus artesanías, leyendo el periódico “La Voz de Michoacán”, mientras dormita entre párrafo y parrado de las noticias que ofrece el diario. Al entrar al cubículo, que no tiene más que escasos cuatro metros cuadrados de diámetro, levanta su rostro tranquilo, pero a la expectativa, evidentemente ya sabe a lo que voy…
Como medio para poder establecer la primera comunicación, pregunto si me recuerda… a lo que afirma con un semblante despreocupado… ¿dónde me siento? me cuestiona al instante…
Después de buscar un lugar adecuado dentro de su local, lejos del ruido auditivo y visual… toma su banco de madera ya desgastado y se sienta cómodamente, ya acostumbrado a estar en esa posición por el hábito que le ha impuesto su trabajo… y comenzamos, lanzo la primera pregunta que se puede decir… es algo obligatoria, más no indispensable: ¿me pude decir su nombre completo? contesta enérgico pero con una voz tenue, característica que a lo largo de la charla me causaría cierto problema (al no escuchar del todo sus respuestas); Vicente Hernández Ramos… ¿usted es de Tócuaro? Cuestiono para corroborar. Nativo de Tócuaro…
Es el momento de comenzar con las embestidas (no sé si las haré yo con mis preguntas, o él con sus respuestas).
Las máscaras en su vida…
Don Vicente, uno de diez hermanos, comenzó a introducirse al mundo de las máscaras a la edad de ocho años, cuando el trabajo de las personas mayores que lo rodeaban comenzó a llamarle la atención, y observando a su padre, que en su tiempo libre le dedicaba algunas horas al tallado y embellecimiento de las formas de la madera.
De igual manera, acostumbraba acercarse a otras personas que se dedicaban al oficio de las máscaras y al de la madera en general, lugares en los cuales era recibido con buenos ojos. Tomando restos que los otros artesanos desechaban por inservibles o por ser demasiado pequeños (como las tecatas de los árboles), él, a sus ocho décadas de vida, ya podía darles formas y volúmenes que previamente imaginaba dentro de su infantil mente.
Después de poco tiempo, sus pequeñas creaciones, ya tenían las características necesarias para ser llevadas al mercado… y de esta manera, se dio cuenta de que podía hacer algo que le gustaba, y que además, de esa actividad obtenía unos centavos…
Al paso del tiempo, conoció a un joven (cuyo nombre tal vez no quiso recordar), el cual ya tenía pericia en el manejo de las herramientas punzocortantes que se requieren para el tallado de las máscaras, joven con el cual comenzó a reunirse, y de quién aprendió bastante de esta labor que puede considerarse artística.
A pesar de que su padre no se lo exigió (pero tampoco le desagradaba la idea), a los catorce años de edad, ya acompañaba a los adultos a cortar y traer la madera al pueblo de Tócuaro (la madera la extraían de los linderos de la ciudad de Morelia)… y se dio cuenta de que la actividad por la que ya tenía un gusto marcado, era solitaria, no se compartían las creaciones; todas las etapas estaban en manos de quién comenzaba la pieza. Y siguió creando, tomando ya no gajos que los demás desechaban, sino fragmentos íntegros, exactos y pesados… dominaba todas las herramientas, y las imágenes en su mente podían ser plasmadas en la madera con gran precisión.
El contexto en el que se encontraba no le permitió pensar siquiera en dedicarse a otra cosa en su vida; no pudo estudiar mucho, los recursos en su hogar eran escasos para mantener a diez críos y mandarlos a todos a recibir educación dentro de las aulas, así que simplemente dejó que su vida tomara el curso que el destino le marcaba, el de “mascarero”… el de artesano y artista.
En la víspera de sus dieciséis años, tuvo que salir a Quiroga a comerciar las artesanías de su propia creación junto con otros integrantes de la familia. En este pueblo comerciante de piezas artísticas al por mayor, vivió el lapso previo a su partida a la Capital del Estado, Morelia.
Ya estando su familia establecida en la antigua Valladolid, se dio cuenta de que este nuevo hogar era perfecto, pues incluso los lugares de donde extraían la madera le quedaban a escasos minutos de camino. Y siguió su creación junto con uno de sus hermanos; se establecieron en los portales de la Avenida Madero, en donde se vendían bien sus artículos, sin embargo, aún viajaba a Quiroga, escaparate donde podía comercializar sus piezas a gran escala.
Años más tarde, el gobierno de de la ciudad, “limpió” los portales del centro de la urbe. Para este entonces, don Vicente Hernández ya era conocido por las instituciones de gobierno dedicadas al apoyo de los artesanos, y fue ubicado en la Casa de las Artesanías, que tenía sus instalaciones en la misma Avenida Madero; lugar donde prosiguió con su actividad, la cual, hoy en día asegura “no hay límites para esto… es como dicen los músicos, entre más le busca uno, mas encuentra”, los límites los imprime el tiempo a cierta edad.
A pesar de este nuevo espacio de exhibición para sus artesanías, proseguía con sus continuas visitas al pueblo de Quiroga, y no fue que dejó de hacer este continuo viaje, hasta que fueron reubicadas las instalaciones de la Casa de las Artesanías al edificio del Templo de San Francisco (en donde permanecen en la actualidad sin vistas de ser trasladadas a otro recinto), lugar al cual fue invitado para darle seguimiento a su arte sobre madera, y sitio en el cual ha permanecido durante poco más de 28 años….
Hoy, no queda mucho de ese joven artista, únicamente las piezas colgadas en las paredes del local y sobre unos cuantos anaqueles… las máscaras y demás formas talladas en madera, parecen aguardar expectantes al próximo cliente, quién posiblemente se las lleve, y las separe de su padre, de su creador, todas mirándolo con sus ojos ciegos, pintados o bien incrustados sobre la cáscara de madera… grandes, pequeñas, de formas y colores tan variados como el ser humanos es capaz de imaginar, sólo esperan, pues no pertenecen realmente a Don Vicente, quien asegura no trabajar para él, sino para la gente…
“…No me he querido quedar con ninguna pieza, por muy buena que sea… prefiero que la gente se las lleve y me diga que le gusta mi trabajo… esa es la verdadera satisfacción de mi oficio”, asegura. Y efectivamente, mientras mantuvimos nuestra charla, varios clientes entraron al recinto para poder adquirir alguna de las obras de arte que tanto miran al artesano sin parpadear… como si estuvieran muertas.
“Ya tengo mi edad… a veces puede salir una pieza buena, pero ya no estoy para andar como cuando estaba joven…” afirma mientras las bolsas de sus ojos parecen infamarse un poco más. “ya me canso, me aburro haciendo esto, como que uno se pone nervioso… ya a mi edad… pues ya no, como que ya no le salen las cosas”, comenta mientras deja escapar una sonrisa de pena al parecer por él mismo… como añorando aquellos días de juventud en los cuales no conocía límites...
¿Y cómo se visualiza en el futuro, piensa seguir trabajando con las máscaras? Presiono al artista ya casi con mis últimas fuerzas, y al parecer, deja percibir un aire fatídico hacia la plática, el cual se acentúa en un suspiro extremadamente profundo previo a su contestación:
“Pues sí, ya será hasta que me muera… tenía un pariente que decía: mano, pues ya qué más hacemos, esto hicimos y esto vamos a seguir haciendo hasta que nos muramos, no hay de otra”.
Comenta que en la actualidad, trabaja mejor en su casa, pues cuando se cansa, simplemente se levanta y se recuesta un momento, para después seguir…
Por último, nos levantamos de nuestros asientos, dando por finalizada la entrevista, pero no del todo la charla… así que me muestra las cicatrices que su oficio le ha dejado, no las del alma, sino las físicas. Le pido que muestre sus manos para poder apreciar los rastros de las cuchilladas dadas por él mismo, a lo que acede al parecer gustoso, como quién regresa de la batalla y presume los rastros de la victoria.
Esta fue la más grave, me comenta con una leve sonrisa de satisfacción, mientras me señala una greca en el costado izquierdo de su mano zurda, “me tenía que agarrar la mano para que no se me volteara, pues me trocé el nervio”, y me mira retante, como sintiéndose supremo, por encima de las personas normales… con esta mirada me despido, le doy las gracias mientras otras personas entran para adquirir algunos productos que están en uno de los mostradores. Después de efectuar la venta nos estrechamos las manos, y siento por segunda vez una piel delicada, como si jamás hubiera hecho trabajo alguno… sé que la realidad es otra… ¿o no? Tal vez lo único que pude relatar en este texto, producto de la plática con don Vicente Hernández, sea sólo una mentira, un ocultamiento… tal vez durante todo el tiempo de la entrevista, trajo puesta una máscara… y no pude percatarme de eso.