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En la rivera del Lago de Pátzcuaro hay innumerables pueblos y comunidades de una amplia riqueza cultural y artística, por mencionar algunas de estas poblaciones, se nombra a Puacuaro, Huecorio, Arocutín, Oponguio, Erongaricuaro y Tócuaro San Andrés, la mayoría de estas poblaciones intentan mantener sus raíces prehispánicas hoy en día, a pesar de que la misma sociedad de Michoacán, ha pasado a dejarlos en el olvido.
Dentro de las principales actividades se encuentra la de crear piezas artesanales con cualquier tipo de recurso que la naturaleza les ofrezca (principalmente la madera al igual que todo tipo de arbustos y follaje que se reproduce en las zonas aledañas al Lago).
En la actualidad, poco a poco han comenzado a perderse estas características, los procesos por parte de las nuevas generaciones dentro de estos pueblos se han ido olvidando, la producción de las piezas artísticas va en detrimento… y los pueblos, paso a paso, se ubican en el olvido del los mismos michoacanos, quienes prefieren atender las demandas de una sociedad en proceso de globalización, dejando de lado sus tradiciones y raíces.
Este hecho se pudo comprobar mediante un sondeo realizado en la ciudad de Morelia a personas entre los 18 y 30 años de edad, en el cual, el 75% de la muestra no tiene conocimiento de estas pequeñas comunidades de la rivera del Lago de Pátzcuaro, y únicamente conocen ciudades como Pátzcuaro, Santa Clara y Capula, entre otras.
“Existe una buena promoción para las actividades que realizan los pueblos artesanos michoacanos por parte del Gobierno del Estado” lo asegura el actual Director de la Casa de las Artesanías de Morelia, el Arquitecto René Carrillo, quién habla en entrevista de los diferentes programas que se tienen con los artesanos, al igual que de los distintos apoyos que se les otorgan.
El director de esta Institución gubernamental, también comenta que se cuenta con un área de investigación, la cual se dedica a detectar las actividades y propuestas de los pueblos con características artesanales; aunado a esto, existe también un área de comercialización, de financiamiento y de promoción, con las cuales se pretende dar impulso a estas comunidades representativas del territorio michoacano.
No obstante, la realidad puede ser diferente a la que el Gobierno del Estado (tomando como representante a la Casa de las Artesanías) puede ofrecer. Los apoyos y actividades con los pueblos se tienen, esto es una realidad; sin embargo, las comunidades que son alcanzadas por dichos programas que ofrece esta institución son relativamente pocas, pues se habla de Pátzcuaro, de Paracho, de Santa Clara, de Uruapan y de Capula, principalmente. Estas ciudades, evidentemente son de las más representativas del territorio, pero esta cuestión se da precisamente porque a muchos poblados no se les toma en cuenta como debería.
Tócuaro es uno de estos pueblos artesanos que aún hoy, no son alcanzados por los apoyos que el gobierno ofrece a los artesanos; esto a pesar de que la misma comunidad artesanal de esa entidad ha asistido directamente con el Director de la Casa de las Artesanías a solicitar apoyo.
Felipe Horta Tera, quien es el Presidente de la Unión de Artesanos de Tócuaro, asegura, “yo fui con el Director de la Casa de las artesanías a solicitar apoyo para crear un exhibidor artesanal aquí en el pueblo, pero no nos hacen caso, tal vez porque somos una comunidad muy pequeña…”
Los principales artesanos de la comunidad de Tócuaro, se ven en la necesidad de desplazarse a territorios lejanos para poder comercializar a buen precio sus productos, cuestión que asegura el mismo Felipe Horta, “El olvido por parte de los michoacanos hacia este tipo de pueblos, obliga a que los nativos de estos lugares, emprendan un viaje a la frontera con el país vecino del norte, lugar en el cual buscan comercializar cada una de las obras de arte esculpidas en madera”.
El Director de la Unión de Artesanos de este pueblo de la rivera del Lago, hace énfasis en que, a pesar de la falta de difusión dentro del Estado, Tócuaro sí es promocionado en internet, asegurando que es este un espacio grandemente aprovechado por los artesanos de esta comunidad y otras en similar situación.
Sin embargo, si se escribe la palabra “Tócuaro” en el buscador Google, se obtienen 755 posibles resultados en español, resultados en los cuales, le dedican en la mayoría escasamente uno o dos párrafos, como en la página http://es.wikipedia.org, que ofrece los siguientes datos acerca de la comunidad: “Tócuaro pueblo michoacano localizado a 14.3 km. de Pátzcuaro. Ha logrado fama mundial por sus máscaras talladas en madera, que se utilizan en las danzas que unen las tradiciones presentes y pasadas de Michoacán como la de Los Viejitos o la de Los Guerreros.”
O en la página http://www.depatadeperro.com, donde la información que se presenta es la siguiente: “Su nombre se deriva de "Tocua", nombre de cierta clase de piedra. Es el pueblo que ha dado fama mundial a las máscaras de la región.”
En otros espacios de la red, el pueblo se menciona únicamente como complemento de otros textos, los que normalmente hablan de la ciudad de Pátzcuaro o del municipio de Erongarícuaro, el cual es la cabecera municipal de Tócuaro.
De esta manera, se comprende la falta de profundización en la información, puesto que es necesario conocer los tipos de familias que en este pueblo viven, la historia (o historias) de su fundación, la organización de la sociedad, sus actividades, su arte, y los problemas que aquejan al pueblo de Tócuaro de San Andrés.
El pueblo de Tócuaro.
Esta comunidad se ubica a un costado de la rivera del Lago de Pátzcuaro, entre Erongarícuaro y el pueblo de San Pedro. Su distancia a la cabecera municipal es de 8 kilómetros. Y el tiempo aproximado que se utiliza en el desplazamiento de Pátzcuaro a este pueblo es de 20 a 30 minutos, ya sea que el transporte sea auto propio o bien, que se aborde el colectivo (urbano) que sale junto a las instalaciones de la Terminal de autobuses y que se dirige a “Eronga” (como le llaman los lugareños a la cabecera municipal. Si se va de Morelia, existe otra manera de llegar, que es rodeando por el otro costado el Lago, por la carretera que sale a Zacapu, camino por el cual se puede apreciar una gran vista de la naturaleza, no obstante, el tiempo de recorrido es mayor al que se emplea por la autopista que lleva de Morelia a Pátzcuaro.
En cuanto al significado del nombre de esta comunidad, se plantean, varias posibilidades; en la página de internet http://www.depatadeperro.com, se menciona que el nombre se deriva de “Tocua”, que es un tipo de piedra. No obstante, al interactuar con los lugareños, estos aseguran que el verdadero significado del nombre de su pueblo es “hacha de piedra” o “lugar de vara blanca” y de la viva voz del artesano Felipe Horta, se cuenta la historia de este pueblo. Desde tiempos antes de la conquista, existía un rey establecido en el territorio que hoy abarca gran pare de Michoacán, y que a su muerte, dejó repartidos todos sus bienes entre sus hijos, entre ellos, el espacio de Tócuaro fue cedido a uno de sus descendientes, quién gobernó hasta la llegada de los españoles.
Una vez que las tierras purépechas fueron conquistadas, fueron divididas en haciendas, y estas a su vez, fueron poco a poco invadidas por la cultura europea, principalmente por la “intromisión” de la religión.
Los primeros misioneros que acometieron con optimismo la tarea de evangelización, consideraron que para realizarla, aparte de un milagro, se requerirían muchos años de paciente y abnegada labor; muchos de ellos comenzaron por aprender las lenguas locales: náhuatl, maya, totonaco, purépecha, entre otras; idiomas complejos que una vez dominados abrirían el camino para la redención espiritual de los pueblos indígenas de la entonces Nueva España; otros, se habrían de valer de intérpretes previamente aleccionados en el idioma castellano (y ya conversos a la religión católica).
Los indígenas, tan acostumbrados a las festividades, y amantes de la danza así como del teatro que en toda Mesoamérica tenían raíces muy antiguas y arraigadas, dieron inicio a un proceso de sincretismo religioso extraordinario que, desde mediados del siglo XVI habría de llegar hasta nuestros días con modificaciones apenas perceptibles.
De este modo, la sociedad de esta comunidad mantiene un gran fervor por las cuestiones religiosas, siendo la sociedad en su totalidad católica, como afirma Josefina Mediana Bargas, maestra jubilada, natural de Tócuaro, posteriormente, informó que “el pueblo artesano se dedica al trabajo del bordado en manta y el esculpido en madera (en especial la creación de máscaras).
Sin embargo, la sociedad no se conforma, pues hoy en día el dedicarse a las actividades artesanales no les es suficiente, y la gran mayoría de las personas que salen de el poblado con rumbo a las ciudades más cercanas, lo hacen con el fin de estudiar, prepararse y tener una profesión, según afirma Verónica Martinez, joven maestra, oriunda de Tócuaro, y al igual que ella, el 90% de los que logran terminar una carrera, se dedican a la docencia, tanto en el pueblo, como en las comunidades y ciudades cercanas a esta entidad de artesanos.
Entre el 80 y 90% de los habitantes del poblado de Tócuaro, se dedican de una u otra manera a la actividad artesanal. La mayor parte de los hombres, trabajan la madera, haciendo muebles o trabajando piezas artísticas, como la creación de máscaras, con formas, colores y tamaños tan variados como la misma imaginación del hombre permita concebir.
Desde niños, los hombres son acercados al campo artesanal, se les enseña de generación en generación el uso de las herramientas, de las navajas, de los pinceles, lacas y pinturas en general, sin embargo, la tradición no se les impone, normalmente se les da la oportunidad de estudiar para que decidan su futuro.
Y es esta actividad artística, por la que el pueblo de Tócuaro se ha dado a conocer, la calidad de los trabajos en madera es excelsa, al grado de que hay compradores asiduos de Francia, España y Estados Unidos, principalmente.
Es de considerar, que el 90% de los jóvenes regresan a Tócuaro, después de estudiar (hasta donde la economía familiar les permite), a trabajar la madera, a darle seguimiento a una tradición añeja en esta sociedad, y que les ha permitido darse a conocer (aún y cuando es de manera límitada) a nivel internacional;
Otro dato importante y que se considera necesario retomar en este punto, es el hecho de que la gran parte de las piezas artesanales, son ofrecidas a extranjeros, los cuales, increíblemente, tienen más conocimiento de la existencia de este tipo de pueblos artesanales, que los mismo, mexicanos, por no señalar directamente a los michoacanos.
Por otro lado, las mujeres en su gran mayoría, se dedican al hogar y al trabajo de la manta, colaborando de esta manera a la entidad artística que se congrega en el pueblo, con la creación de vestidos típicos de la rivera del lago, bordados y adornados bellamente.
La familia en Tócuaro es predominantemente nuclear, conformada entre 6 y 8 integrantes; en una sola casa, viven varias generaciones, es posible encontrar a los abuelos (o también a los bisabuelos), a los hijos, a los nietos conviviendo en la misma casa, las cuales son grandes, sin mucha vista, por lo regular sencillas, con patios grandes llenos de plantas.
Es tal vez por esta razón (varias generaciones viven en una misma casa), que el pueblo no es muy grande en territorio, el número de casa se ha mantenido durante los últimos años ente 80 y 100 viviendas. Extrañamente, las calles del pueblo entero forman una figura de gato (#), entre las cuales convergen todas los hogares.
Entre semana, estas calles se encuentran vacías, entre el lunes y el viernes, todos desempeñan actividades dentro de sus hogares y salen a las calles únicamente por alimentos; pocos jóvenes y niños pueden observarse, pues el 95% de ellos, salen a las ciudades y comunidades vecinas a recibir educación primaria, secundaria y superior.
Son los fines de semana cuando fluye la actividad en las calles de Tócuaro, las canchas tanto de futbol como de básquetbol, son donde se congregan la mayoría de los jóvenes, mientras que otros, aprovechan el sábado y el domingo para ayudar en tareas y quehaceres del hogar (el trabajo de la madera principalmente).
Mientras que los artesanos de tiempo completo, dedican estos dos días al descanso, hacen a un lado la madera y sus herramientas para acercarse a las actividades deportivas de la comunidad; otros prefieren dedicar este tiempo de ocio a la familia, juntándose en charlas durante las tardes.
La gente del pueblo en general es muy noble, se recibe acogedoramente a los visitantes y extranjeros, normalmente ofrecen en primera instancia comida y las casas para descansar, para charlar y dar a conocer las actividades de sus habitantes.
La riqueza de este pueblo no radica en bienes materiales, sino en el arraigo de sus costumbres y de sus tradiciones, en la generación y transmisión de valores cimentados en las raíces religiosas.
Es importante destacar, que a diferencia de los pueblos vecinos, en Tócuaro son contadas las personas que migran hacia el país colindante del norte, Afirma Verónica Martínez, la mayoría se quedan en el pueblo, atados por los fuertes lazos familiares que se forjan.
La gente de Tócuaro es un pueblo sencillo, pero con una gran actividad artística cotidiana, con tradiciones y valores muy arraigados, con gentes que se sienten orgullosas de sus raíces, de sus costumbres y de sus formas de vida.
Es por esta razón, que este pueblo pide a gritos ser explorado y conocido por la sociedad mexicana, la cual poco a poco pierde su identidad en un mundo al extremo globalizado.
Es pues necesario rescatar las costumbres, no sólo las de este pueblo, sino las de los mismo mexicanos, y no sólo está en los programas gubernamentales y de apoyo social que intentan (ocasionalmente se quedan en el intento) difundir y reavivar las raíces de nuestro pueblo, es necesario tomar conciencia y darnos cuenta de que el poder de retomar la cultura está en la misma sociedad.
Está en los medios, en la publicidad y la cotidianidad chatarra que se nos ofrece hoy por hoy en cada espacio, y es menester tomar conciencia de este hecho, y darnos cuenta de que las tradiciones y culturas de nuestro país, son un campo amplio de riquezas y de diversidad incuestionable.
Es necesario de reconocer que existen un sinnúmero de pueblos hermosos, que se mantienen en el olvido, y que hay que descubrir, pueblos como Tócuaro de San Andrés, pueblos con tradición.