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Mi cuerpo se quemaba, caminaba sobre putrefacción, no era claro lo que sentían mis cinco sentidos, pero el tacto era quizá lo más agudo que tenía, cada sensación de seres a mi alrededor lo sentía en la yema de mis dedos, la sangre caliente, los muslos derretidos, la carne y su hedor por mis poros, entrando y llenando mi cuerpo de pies a cabeza, en ocasiones caminaba por sobre toda materia, mirando las multitudes en su mayor punto de ebullición, en una orgía de lamentos y quejidos, gritos desesperados, uñas desprendidas, ojos caídos de su lugar, bocas digeridas, oídos sordos, miradas lánguidas, soñolientos los pasos, somnolientos movimientos, mentiras que opacan verdades, ojos que mienten con un solo roce de la retina, acciones que descifran verdades para tergiversar la información, quimeras sonrientes y melancólicas de sed y enrabiadas de sangre, devorando todo, oliendo, mordisqueando, arañando, destrozando.
Mi cuerpo se hundía entre la lava creada a partir de la mezcla entre sudor, sangre y lágrimas de todos los que me rodeaban, pero no eran mías, en el ambiente no había ni una sola gota de mi sangre, ni de mi sudor, mucho menos de mis lagrimas, solo sentía los cuerpos, ¿las almas? Se dispersaban como la neblina, salían despedidas por millares desde la profundidad de la fosa donde me encontraba hundido, atrapado desde hace toda mi vida, desde antes de que naciera, antes de… antes de todo, antes de ti.
Las carnes se desbarataban a mi paso, mis uñas eran ganchos que se hundían, mi mirada era fría, como la punta de una lanza que quema con el puro contacto, todo se desprendía de si mismo, no existía la verdad, solo el camino de perdición.
Quería salir, ¿quería salir? Deseo escapar, ¿deseo escapar? O… ¿morir? Para qué, ya estoy muerto, ¿o no? No soy uno de estos que me rodea, que se miran igual entre ellos, que me miran indistintamente, como si no existiera, que no me miran, que no existo frente a ellos, ¿ellos? quienes son, acaso existen? Son mi castigo, es la pena que tengo que pagar por ser quien fui, por ser quien soy, y no me arrepiento, de tal modo que serán la pena que tendré que pagar por ser quien seré.
Busco la salida ¿busco la salida?, quiero hundirme, a dónde, existo aquí, quizá si me hundo deje de existir, pero… ¿realmente quiero eso? ¿Qué deseo? Quiero morir envenenado, de algo que queme mis entrañas, que carcoma mi garganta, que extinga la última llama de luz de mi existencia, que me haga sufrir en mi agonía, sufrir y desgastarme, que me haga sentir al menos algo, lo que sea, dolor, alegría, depresión, ¿depresión?, síntoma de la ingratitud, sentimiento de desgaste, mente arruinada por los excesos, humillación banal, creada y desarrollada por mi propio ser, místico, intangible, ¿intangible? Quizá, es la misma sensación, una y otra vez, la se, la recuerdo, la vivo a cada instante, pero no se que es, ¡No! no sé explicarla, nunca sé explicar ni una sola palabra de mí, de mi alma, de mi cuerpo, de los síntomas de frialdad aparente.
Paso desapercibido, es lo mejor, nadie quiere ser el primero en decaer, y de esta manera “sobreviviré” muriendo, mantendré mi rumbo, ¿rumbo?, a dónde… donde sea, es lo mismo, los mismos cuerpos despedazados, los mismos lamentos, sólo que de distintos seres, pero finalmente, lamentos, iguales, creados por la misma razón, unidos en una masa de sonido indescifrable, incomprensible, pero… tenaz, capaz de mover multitudes, racional hasta en el último de los casos, lánguido, fugaz, como un eco que desaparece sin dejar rastro, como una huella que jamás ha existido.
Simple y sencillo, pero complicado, ¿lo entiendes? COM-PLI-CA-DO, eso es bueno, te mantiene alerta, deseoso de terminar con eso que te hace pensar que las cosas son “complicadas”, te mantiene despierto, irritable pero despierto, así no pierdes el tiempo dormitando, soñando cosas que sabes que jamás se harán realidad. Así… así vives la realidad, cada minuto, cada segundo de la existencia, y de la no existencia. Te sientes mal, error, ¿ERROR? Sí, no te puedes sentir más así, como si fuera un error, ¡no! así estás bien, hierro, el sabor al hierro de la sangre, ¿explicación? Locura, eso hace falta en la fatalidad de la vida, algo de sátira, irracionalidad, la cual es esa que viene después de no poder razonar correctamente, es el momento en el que pasas del genio al loco -como bien lo dicen los grandes sabios-.
¿Transición? Modificación de un todo para pasar de un estado a otro. Cada parte se transforma poco a poco, se pudre, se desgasta, se revive, se crea, se MODIFICA, para estar en un constante cambio, ¿BIENESTAR? Eso no tiene significado para el cambio, eso solo existe, y ya, no es para bien ni para mal, es solo una mutación para dejar de ser algo o… ¿alguien? Es aplicable de igual manera a eso, a lo mío, a lo de esos, a todo, y a nada, lo que no existe no puede cambiar, lo que no cambia puede dejar de existir, existe el que cambia, pero existe también un momento del cambio en el que no somos nada, entonces, en ese momento… ese preciso momento, ¿EXISTIMOS?, dejamos de existir, memoria, esa la perdemos un instante, la dejamos de sentir durante el periodo de transición, es decir que perdemos una gran capacidad de recuerdo, perdemos la memoria en la gran mayoría de las ocasiones de nuestra vida, pues estamos en un constante cambio. ¿MEMORIA? No es necesaria, vivimos el momento, morimos en caso de no vivir… dejamos la existencia, y es posible que exista el retorno, ¡NO! es evidente que puedes retornar, regresar al lugar deseado, pero la igualdad que puedas desear será distinta, modificará el ambiente los acontecimientos pasados, el retorno no es sinónimo de volver a vivir, el retorno significa regresar a una etapa vivida que será diferente una vez que se retorne, es decir que una vez que regreses, o regresen, no será lo mismo, en otras palabras más simples, NO EXISTE EL RETORNO, es subjetivo. Uno cree que retorna, pero no es verdad, llegas a un lugar nuevo, todos son lugares nuevos una vez que les damos la espalda para regresar posteriormente, porque estamos en cambio constante, eso que fue, si cierras los ojos un instante, dejará de ser eso que tú confiabas que era, no es posible fiarte, No, de qué, de quién, no existe una posibilidad de estabilidad, por lo tanto no confías en nadie, ni en nada, todos son personas y cosas nuevas siempre, ¿SIEMPRE? ¿ETERNIDAD?, no es el caso, no el mío, eternidad es… pereza, un pecado capital, ¡quizá! Eso, todo es un pecado, desarrollado a partir de otro, pero menos profundo, o es más profundo, la profundidad es relativa, dependiendo de donde se mire, existe la profundidad si lo ves desde el punto más alejado del fondo, pero si intercambias la posición, no existe profundidad, pues estas en el fondo y es lo único que puedes ver, sentir, oír, es tu espacio, y no existe más allá, ni más… hacia ti.
Hoy estoy en lo más profundo del abismo, tú puedes verme, y te excita saber que algún día… ya no me verás más desde arriba.